Piensen en un chofer desastroso. Piensen que son los transeúntes de ese desquiciado conductor. Imaginen que al ver la cantidad de accidentes que ha provocado el chofer, ustedes evalúan las habilidades de este y deciden despedirlo (si estuviera en sus manos hacerlo). Sería absurdo que el chofer argumentara que no tienen derecho a cometer semejante acción, pues ninguno de ustedes sabe conducir.
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